Mientras seguimos buscando traidores en todas partes y entorpeciendo el intento de unidad del campo popular, les recordamos que Etchecolatz está suelto.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Pues es fácil: mientras no tengamos un nuevo gobierno popular, van a seguir pasando aberraciones. Por ejemplo, se acerca otro mediodía hay pibes en el barrio que no van a almorzar. Otro ejemplo, Etchecolatz anda suelto. Y así hasta el infinito.

Lo que debemos dejar atrás es esta cultura de clase media con delirio de autonomía, delirio de tachero cabeza de tacho, por el que estamos determinados a no ver la importancia de las cosas si no nos tocan directamente. Es decir, debemos empezar a preocuparnos por el grupo, aunque no nos pisen la quintita.

Si Etchecolatz anda suelto, eso es malo para el grupo y es malo para mí, aunque yo no sea Julio López ni Lidia Graiver; si un pibe no puede almorzar, eso es pésimo para el grupo y es terrible para mí, aunque yo coma todos los días cuatro veces al día.

He ahí la batalla cultural: empezar a pensar como colectivo y no como individuos atomizados. Sí, porque cuando vengan por nosotros por separado, además, no habrá nadie que diga una palabra por nosotros. Estarán todos cuidando sus quintitas.

Hasta que el poder venga por ellos también, por supuesto, lo que es cuestión de tiempo nada más.

Unidad de campo nacional-popular y derrota del neoliberalismo a cómo dé lugar, Etchecolatz de vuelta a la cárcel y todos los pibes de la Patria comiendo cuatro veces al día. Después hablamos de traidores.