Toda construcción política es, antes que nada y fundamentalmente, una construcción cultural. Para que un proyecto político pueda aplicarse en la realidad, primero es necesario que las premisas básicas de ese proyecto estén ya instaladas como verdades en la mal llamada “opinión pública”, que es simplemente el sentido común.

Un ejemplo clásico de lo que anteriormente expresado es la construcción del nazifascismo en Alemania a principios del siglo pasado. Si bien lo visible de aquello es el rol de Hitler en la II Guerra Mundial, lo cierto es que la construcción del proyecto político nazi empieza unas dos décadas antes de 1939 con la instalación de los postulados nazis en el sentido común del pueblo alemán.

Muchos años después de la derrota de los nazis a manos del Ejército Rojo, se popularizó en la cultura la expresión “el huevo de la serpiente”, figura presente en una película de Ingmar Bergman estrenada en 1977. En el film, Bergman caracteriza la Alemania de los años 1920, en la que ya se delineaban los elementos básicos de lo que más tarde sería el totalitarismo nazi: humillación de Alemania al concluir la I Guerra Mundial en 1918/1919, un Tratado de Versalles que le imponía al pueblo alemán reparaciones de guerra impagables, todas las implicaciones económicas de eso, espantosas para los alemanes, que tenían hambre, y la constante provocación de los franceses, que no perdían la oportunidad de ofender y de mofarse del nacionalismo alemán con el recuerdo de su rendición incondicional. Todo eso está en la base de la prédica nacionalsocialista de Hitler, del “Deutschland über alles” o “Alemania por encima de todos” con el que los nazis lograron instalar ―mediante el voto popular, no debemos olvidar― su proyecto político de muerte y destrucción.

Allí estaba el huevo de la serpiente y, como diría Bergman a través de su personaje el Dr. Vergerus, “Cualquiera puede ver el futuro, es como un huevo de serpiente. A través de la fina membrana se puede distinguir un reptil ya formado”. Ya a partir de 1919 cualquiera podía ver lo que se estaba gestando en Alemania y finalmente fue, pero el sentido común no suele ser capaz de poner a contraluz el huevo de la serpiente para ver que allí hay un reptil.

Podemos ver el futuro

En Argentina se está gestando el fascismo. Y eso es lo que vemos cuando miramos el huevo de la serpiente a contraluz y vemos que los elementos básicos de un proyecto político totalitario de derecha ya están instalados en el sentido común de las mayorías y se refuerzan todos los días con hechos que son aceptados pasivamente por esas mayorías como lo más natural del mundo. Mientras gritamos que estamos en democracia simplemente por tener un gobierno elegido por el voto popular, aplaudimos o ignoramos la catarata de hechos antidemocráticos que se suceden todos los días y que necesariamente van a resultar en una dictadura de extrema derecha si seguimos aplaudiendo o ignorando esos hechos. El escenario es el mismo que en Alemania durante los años 1920 y, como ya sabemos, las mismas premisas dan siempre los mismos resultados.

En la cultura ya tenemos profundamente instalados unos postulados nazifascistas que forman el núcleo de lo que llamamos graciosamente “el enano facho que todos llevamos dentro”: los “negros de mierda”, los “vagos que viven de planes”, las “negras putas que se embarazan para cobrar la asignación”, el “en este país nadie quiere laburar”, el “tiene que haber mano dura para arreglar este quilombo”, el “algo habrán hecho” y una infinidad de premisas que todos en algún momento reproducimos porque ya están instaladas en nuestra cultura y sentido común. He ahí que la derecha viene ganando la batalla cultural desde 1955 en adelante, porque supo moldear el sentido común con sus opiniones liberales o fascistas.

Pero el problema no termina allí. Habiendo conquistado el poder político en el Estado ―otra vez, mediante el voto popular, al igual que los nazis del siglo XX en Alemania―, la extrema derecha utiliza ese lugar para generar hechos que estén en consonancia con esas ideas fascistas ya instaladas en el sentido común desde 1955 hasta esta parte. En una palabra, como “la gente ya piensa así”, pues le dan más de lo mismo para que lo tomen como lo más natural que hay en el mundo.

La serpiente que no estamos viendo

Ahí está el huevo de la serpiente. Está, por ejemplo, en la privación ilegal de la libertad y los apremios a Milagro Sala que ya duran dos años y no parecen espantar a nadie; está en la eliminación del símbolo de los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo (lucha antifascista si las hay) de la misma Plaza de Mayo, es decir, eliminación de la memoria acerca de lo que hace la derecha cuando gobierna, está en los presos políticos que son cada vez más numerosos sin que pese sobre ellos ninguna condena; está en la liberación de genocidas como Etchecolatz y tantos otros, monstruos que jamás debieron salir en libertad; está en las declaraciones de altos funcionarios del gobierno neoliberal respecto a la cantidad de desaparecidos por el terrorismo de Estado, lo que constituye delito de negacionismo por el que precisamente en Alemania uno termina preso; está en la instalación de retratos de dictadores en el Museo del Bicentenario, a la par de imágenes de presidentes legítimamente elegidos. El huevo de la serpiente está en esos hechos que el sentido común no registra y no comprende en qué deben necesariamente resultar.

Martín Niemöller fue justamente un alemán y justamente fue testigo de la barbarie nazi. Y con un poema que erróneamente se le suele atribuir a Bertolt Brecht, otro alemán, pero de los pueblos, supo poner a contraluz el huevo de la serpiente y ver que allí había ya un reptil formado:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté, porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté, porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.”

Los argentinos debemos empezar a anticipar la serpiente que está gestándose en el huevo neoliberal formalmente democrático, porque será muy tarde para detener lo que se viene una vez que se venga con todo, es decir, una vez que la serpiente rompa finalmente el huevo y asome en todo su color y forma de serpiente a la realidad visible.

Por Erico Valadares