El trabajo como ordenador de la sociedad y la vida cotidiana se convierte en un factor amenazado por la crisis social que desencadena el modelo neoliberal en que estamos insertos desde que se instaló en nuestro país el proyecto de Cambiemos.

Este modelo que va profundizando y cumpliendo con éxito sus objetivos en la Argentina tiene un aliado fundamental: las nuevas relaciones y fenómenos sociales que devienen del uso de la tecnología y las redes sociales.

La locura de las redes

Éstas no siempre reflejan lo que sucede de forma precisa, pero lo que se muestra, se convierte en la realidad a ojos de la mayoría. Asimismo, estar interconectados permite la pertenencia a comunidades virtuales donde se intercambia información y se produce opinión pública.

La vida privada se ve “amenazada” en el momento en que las redes sociales exponen la vida cotidiana de quienes las utilizan, y así como cada individuo elige que mostrar, el gobierno hace uso de este mecanismo instalando verdades que contrastan con lo que cada persona experimenta en su realidad personal, que es parte del acontecer colectivo.

Ahí es donde se configura la dicotomía entre lo que pasa y lo que se dice que pasa, y aparecen la angustia y la soledad.

El discurso del Presidente es esperanzador, “la economía está creciendo” “ estamos haciendo una revolución de la alegría” “Cada 37 segundos una familia accede a un crédito hipotecario” «Hay una revolución de inversiones» . No hay tal caos.

La subjetividad amenazada

Entonces la realidad de los individuos, en tanto no es legitimada por el discurso masivo, deviene en angustia, porque los deja atrapados en la soledad de su propia subjetividad.

Si no hay otros u otras que legitimen la experiencia y le den sentido de realidad, entonces pueden suceder tres cosas: angustia, negación u organización.

La negación se hace evidente cuando escuchamos decir que Santiago Maldonado no está desaparecido, que quizás está de viaje en Chile o que es una operación “K” para ensuciar al gobierno.

Podría considerarse una defensa para no caer en la angustia, en tanto los sujetos no pueden procesar e integrar la realidad, no la aceptan, y si la niegan, entonces no existe.

¿De qué angustia se busca escapar? Si nos remitimos a la campaña presidencial, Mauricio Macri mintió para ganar las elecciones. Dijo que iba a hacer todo lo contrario de lo que hizo, y algunas personas podrían ser reticentes a asumir este engaño porque en ese voto fue depositada una ilusión y conservarla implicaría no perder la esperanza, es decir, la posibilidad de un mejor mañana.

Se podría hacer un paralelismo con las infidelidades, cuando una de las partes, la engañada, la niega para no encontrarse con el dolor. El dolor está, pero no está integrado en la subjetividad de manera consciente.

La angustia puede verse traducida en el enojo y la ira del que somos testigos o parte en el día a día, y en este aspecto la situación de las mujeres empeora.

La violencia de género recrudece con las crisis sociales porque la violencia en general aumenta, y si a esto se le suma machismo, estamos ante un combo explosivo.

La construcción social del ser masculino se moldea alrededor de ser el proveedor del hogar, y cuando esto se ve amenazado, empieza a entrar en juego algo mucho más complejo que lo que de la crisis deviene, que es la amenaza de la propia identidad masculina tal como el patriarcado la asume.

En consecuencia, para reafirmar esta identidad, algunos hombres machistas recurren a otras formas de dominación, y el que antes le gritaba a su pareja quizás hoy la empuja, el que la empujaba quizás la golpea y el que la golpeaba quizás la mata. A esto se le suma como agravante la dependencia económica de algunas mujeres y el desempleo en alza que les dificulta irse de su casa cuando están en peligro.

Por último, la organización, es una búsqueda por salir del aislamiento de la soledad, de encontrar otras experiencias de vida que reconozcan como real la propia. En definitiva, es la búsqueda de otro/a que nos confirme que lo que nos está pasando no solo es real sino también compartido.

Con esto no omito que la negación y la organización estén atravesadas por la angustia, sino que el mecanismo que prevalece es otro.

En tanto hay que trabajar más horas y no se puede destinar dinero para el consumo sociocultural, los sujetos se aíslan y el uso del tiempo es un ping pong entre el trabajo de cuidado y el trabajo productivo para sobrevivir.

De ahí se desprenden muchos síntomas tales como stress,fobias, ansiedad y depresión, y el consumo de Psicofármacos juega un rol anestésico.

Mientras una clase social acomodada consume pastillas para sobrellevar la ansiedad, el miedo y la depresión, otra es consumida por el Paco y otros cockteles que ponen en peligro su vida. El neoliberalismo instala el disciplinamiento a partir de una sociedad medicalizada, y este consumo colabora perfectamente con su funcionamiento.

Relato, desempleo, psicofármacos, angustia y soledad, no suena esperanzador pero hay una buena noticia: las redes sociales como una gran herramienta para generar opinión pública y apelar a la construcción de un sentido común que en lugar de oprimir, libere. Y todo a un precio muy accesible.

La dificultad radica en que en la individualidad no hay masividad, por eso, si bien es cierto que el neoliberalismo nos deja solos, solo la organización puede salvarnos.

Por Agustina Milanesi