De todas las cortinas de humo que el poder mediático produce para disimular el monumental saqueo que los ricos están llevando a cabo con gobierno propio, algunas son más bien curiosas. Y hasta divertidas, si se las analiza desde un punto de vista descontracturado. En esta última categoría se inscribe la más nueva distracción de los medios: la posibilidad de suspender partidos de fútbol si las hinchadas se ponen a cantar “Mauricio Macri, la puta que te parió”.

Alguna vez el fútbol argentino —que se mete de lleno en la política, pero suele tener cero responsabilidad social— se puso los pantalones largos y tomó el toro por las astas cuando los cánticos xenófobos amenazaban la convivencia de los argentinos con “todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Al primer grito de “vos sos de Bolivia y Paraguay” se suspendían los partidos de fútbol y por eso la xenofobia pudo ser erradicada de los estadios.

Ni olvido ni perdón para esta y muchas otras tapas de la Revista Noticias, desde donde el agravio a la figura presidencial fue constante durante el gobierno neoliberal.

Ahora bien, nos dice Clarín que “uno de los dos sindicatos de los árbitros (SADRA) analizó ‘suspender los partidos’ cuando los hinchas insulten al presidente”. ¿Por qué? Por “discriminación”.

El delirio del humo en exceso

Claro, como se ve es exactamente lo mismo lanzar una ofensa a un individuo poderoso que la xenofobia en masa contra todo un grupo social, que son los inmigrantes de algunos países limítrofes. Exactamente lo mismo y, por lo tanto, una y otra cosa deben caer en la categoría de “discriminación”.

A nadie se le ocurrió hablar de “discriminación” cuando los caceroleros, que son la base social del actual gobierno, colgaban simbólicamente a Cristina en plaza pública.

A nadie se le ocurrió hablar de “discriminación” cuando los caceroleros, que son la base social del actual gobierno, colgaban simbólicamente a Cristina en plaza pública. Es lo mismo, sí, pero solo en la delirante lógica de la manipulación de la verdad, en la prima la imprecisión. Para los intelectuales de las clases dominantes que vienen con esta idea, poco importa la coherencia: ponen la xenofobia junto a “Mauricio Macri, la puta que te parió” en la categoría de “discriminación”. Y eso sin sonrojarse. ¿Por qué? Simplemente porque ambos ocurren en estadios de fútbol.

Así de prosaicos son y lo son, justamente, porque saben que su público va a comprar. Si mañana salen con qué las críticas de Cristina o cualquier dirigente mujer a Macri son “violencia de género al revés”, también van a comprar. Los adiestrados por el poder están dispuestos a comprar cualquier humo, literalmente, con tal de poner el cuerpo para defender los intereses del patrón y de los ricos en general.

“Esta memoria de elefante”…

Pero algunos tenemos memoria y sabemos que, más allá de lo delirante en mezclar París con Puente Alsina en la categoría de “discriminación”, el respeto a la investidura presidencial que hoy exigen los neoliberales es todo lo que eso mismos neoliberales no dieron cuando fueron oposición. Más bien todo lo contrario: nunca en la historia argentina hubo más falta de respeto al cargo de presidente que durante el periodo de gobierno popular. Durante doce años —sobre todo en los últimos ocho— el gorilaje estuvo enloquecido y atacó con dureza a Cristina, incluso con insultos a su género y sexualidad.

Descripción gráfica del temita de la proyección: los ataques a la sexualidad de Cristina solían venir mayormente de mujeres.

Pero nada de eso era “discriminación”, por supuesto. Los medios no lo condenaron, sino que lo difundieron, porque los medios son de ellos, de los gorilas; ningún sindicato de árbitros se indignó, a nadie pareció importarle el bastardeo a la investidura del cargo presidencial mientras lo ejerció una presidenta del campo nacional-popular. Y ahora que un rico ocupa el sillón, se ponen todos como locos.

La derecha argentina es pura proyección. Cuando nos acusa a los peronistas de “fascistas” y hasta de “nazis”, está hablando, en realidad, de sí misma; cuando se queja de la “falta de institucionalidad”, es porque van a destruir todas las instituciones apenas tengan la manija para hacerlo; cuando piden “respeto”, es porque se van a llevar a puestos a todos los demás cuando tengan el poder.

Decir “Mauricio Macri, la puta que te parió” en el ámbito de un estadio de fútbol es gravísimo. Desearle la muerte a Cristina, lo más normal del mundo. He ahí el poder de los medios de difusión, que determinan lo que está bien y lo que está mal en el mundo.

A la derecha argentina le aplica el dicho que es como sigue: “Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro”. Cada vez que el liberal y el neoliberal argentino se expresen sobre los peronistas, ya podemos saber que están hablando de sí mismos. Es la ya tan conocida proyección y si alguien se atreviera a marcarles la contradicción, sería rápidamente encarcelado por “fascista” y por “nazi”. El problema de la derecha argentina es que no tolera la intolerancia. Una locura que muchos compran, como todo el humo que venden todos los días en los medios de difusión de las corporaciones.

(Por Erico Valadares/Fotos: Estanislao Santos)