Mientras va siendo brutalmente violada por las corporaciones y el gobierno de los ricos, la sociedad argentina manipulada en su conciencia busca un chivo expiatorio. Si nos tiene que ir tan mal, piensa el argentino promedio hoy, embobado delante del televisor, que por lo menos la culpa la tenga otro. Mal de muchos, consuelo de tontos, diría el buen sentido.

Manipulada entonces por los medios de difusión del poder fáctico de tipo económico, la sociedad argentina va teledirigida a vomitar sus frustraciones sobre quienes nada tienen que ver con ellas. ¿Por qué? Porque no está teledirigida para responsabilizar a los verdaderos responsables: la sociedad argentina es teledirigida para perderse en cortinas de humo y no salir de allí.

Según el relato de los medios de difusión del poderoso, estos son los extranjeros que vienen a robar. Aquí se los ve, entre lujos, disfrutando del botín.

La cortina de humo de la vez es el acceso de ciudadanos sin documento argentino al sistema público de salud, que además de público es gratuito y universal por razón de su destino, como diría un Zitarrosa. Lo que se discute es si dicho sistema de salud debe ser exclusivo para argentinos o si puede seguir siendo lo que siempre fue, un sistema universal donde al ser humano se lo atiende en sus necesidades sin preguntarle de dónde viene ni cuánto tiene.

“Los extranjeros vienen a robar”

Entonces desde los medios de difusión que son propiedad privada de los ricos se le informa a la sociedad argentina que los extranjeros vienen al país a robar. Un escándalo, ciertamente, que no seamos capaces de defender lo nuestro ante la rapiña de foráneos saqueadores. Pero los medios dan siempre el mensaje completo, nunca dan puntada sin hilo y van a difundir en cada momento la ideología que mejor se ajuste a los intereses de sus propietarios, como cualquier empresa que se precie de serlo. A renglón seguido de “los extranjeros vienen a robar” aparecen relatos de bolivianos y paraguayos haciéndose atender en hospitales públicos argentinos —es decir, tomando lo que no les corresponde, robando— mientras seguimos impotentes ante la farsa.

El grito de impotencia ante semejante relato es lógico: “¡Vuelvan a sus países! ¡Depórtenlos!”, gruñe enfurecido frente al televisor el ciudadano honesto que “no anda en nada raro” y afirma pagar todos sus impuestos. Un cristiano ejemplar, sin lugar a dudas, pero muy mal informado.

Pero la mala información no viene con la premisa fundamental, porque efectivamente los extranjeros vienen a robar. Ya lo decía Mariano Moreno, un enorme patriota:

“El extranjero no viene a nuestro país a trabajar en nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda proporcionarse. Recibámoslo enhorabuena, aprendamos las mejoras de la civilización, aceptemos las obras de su industria, y franqueémosle los frutos que la naturaleza nos reparte a manos llenas, pero miremos sus consejos con la mayor reserva, y no incurramos en el error de aquellos pueblos inocentes que se dejaron envolver en cadenas, en medio del embelesamiento que les que les había producido los chiches y abalorios”.

Entonces los “periodistas” en los medios de difusión de las corporaciones están en lo cierto: el extranjero viene a robar y hay que tener mucho cuidado con eso. Hay que defender lo nuestro ante los intentos de saqueo foráneo. El problema está en la parte que esos “periodistas” y medios no cuentan (o cuentan al revés) y de ahí viene la desinformación del argentino promedio.

¿Dónde están los ladrones?

Los medios de difusión proceden de manera proverbial, porque cuentan el milagro, pero jamás el santo que lo hizo. Le informan a la sociedad argentina que el extranjero es ladrón, pero no dicen la verdad a la hora de identificarlo.

Y aquí está la cortina de humo: mientras nos preocupamos por los “extranjeros” —recordemos que, según el plan original, argentinos, bolivianos, paraguayos, uruguayos y demás son nacionalidades artificiales e impuestas— que se hacen atender en los hospitales públicos, no vemos que un inglés como Joe Lewis y un italiano como Luciano Benetton se están quedando con buena parte de nuestra Patagonia a costa del sacrificio de argentinos en serio (porque además son originarios), que son obligados a desplazarse de sus tierras o morir, lo que en realidad viene a ser lo mismo. Tanto Lewis como Benetton son extranjeros sin comillas, pues provienen de potencias foráneas sin relación cultural directa con América Latina. Tenemos mucho más que ver con un boliviano o un paraguayo en términos de cultura e historia que con un inglés o un italiano, aunque nos hayamos creído el cuentito de una Argentina blanca y occidental, desvinculada del resto de Latinoamérica.

El esfuerzo de nuestros hermanos bolivianos, que ya es bien conocido, por defender con el cuerpo la soberanía del territorio argentino durante la guerra de Malvinas. No cuesta recordar que, además de este gesto, se destaca el de Perú, único país en el mundo que se posicionó favorable a Argentina en dicho conflicto y hasta trianguló armamento contra los ingleses.

Más allá de lo obvio respecto a quienes son los extranjeros y quienes son los “extranjeros” en Argentina, está la cuestión material, que es bien concreta y no puede subestimarse. El costo real de brindarles atención sanitaria a nuestros —ahora sí, para que quede claro— compatriotas de la Patria Grande latinoamericana que soñaron San Martín y Bolívar es ínfimo, casi irrisorio, si lo comparamos con lo que los extranjeros como Lewis y Benetton vienen llevándose de acá hace más o menos unos cinco siglos. En una palabra, si acá hay extranjeros ladrones, estos no son los hermanos bolivianos y paraguayos que buscan atención médica en los centros de salud de Argentina. No lo son porque no son extranjeros, en primer lugar, como veíamos, y tampoco lo son porque no se llevan nada en absoluto, además de no representar un costo real para la sociedad argentina en su conjunto.

El extranjero ladrón es otro, es el que los medios de difusión no dicen, no llaman jamás por su nombre. ¿Por qué los medios ocultan la identidad del verdadero extranjero y el verdadero ladrón? Simplemente porque los medios también son propiedad privada del extranjero ladrón, de las corporaciones multinacionales, directa o indirectamente, amén de casi la totalidad de las cosas que existen en nuestro país, porque somos colonia.

Cuando desde los medios instan a la población a poner el aire acondicionado en 24 grados y a no andar “en remera y en patas” en invierno para que no haya cortes de luz y ahorremos energía, no nos están contando la parte principal del cuento. Están ocultando lo fundamental, y es la parte en la que las empresas privatizadas de distribución de energía jamás hicieron las inversiones correspondientes a la concesión pactada del servicio. Es decir, Edenor y Edesur se la llevaron toda fuera del país, pertenecen a extranjeros ladrones. Pero para la lógica de los medios —que están emparentados con Edenor, Edesur y todas las demás grandes empresas privadas, porque todo es propiedad de extranjeros ladrones— si hay cortes de luz y la fábrica de pastas de María no puede trabajar, la culpa la tiene el de a pie que utiliza el aire acondicionado o el paraguayo que en la villa miseria tiene los cables colgados.

Eso se llama culpabilizar a la víctima y es bueno que todos vayamos sacando las conclusiones del caso, como diría Alfonsín, porque si seguimos así nada va a quedar en este país. Todo se lo van a llevar los extranjeros ladrones, que no son precisamente los bolivianos ni los paraguayos que se hacen enyesar una pierna de vez en cuando en un hospital público de este lado de la frontera establecida por los ingleses.

(Por Erico Valadares)