En el día de hoy pudimos ver, una vez más, cómo el gobierno antipopular tiene todos los circuitos de la manipulación bien aceitados: lo que debía ser una interpelación al ministro de Finanzas Luis Caputo terminó siendo un show de gritos y provocaciones en las que los protagonistas fueron, como más le gusta al poderoso, algunos representantes del kirchnerismo allí presentes. Y esto, claro está, no es casual ni mucho menos. La estrategia de la provocación para generar confusión y distraer la atención del público sobre lo que debía ocurrir fue completamente exitosa.

Un papel, una frase y un emoticón fueron más que suficientes para desatar lo que terminó siendo una gran cortina de humo que Caputo, como tenía previsto, supo aprovechar a la perfección. Y es que no hay nada librado al azar en el plan neoliberal de arrasar con todo: cada movimiento está medido y cada resultado es capitalizado. No se exponen sus títeres sin tener un plan de escape; no se subestima a quienes le hacen frente ni se los deja avanzar sin, al menos, intentar hacerlos tropezar de alguna manera. Entonces ven por dónde puede penetrar la incitación a la pérdida del foco en cuestión y se encuentran con un objetivo: la diputada Gabriela Cerruti, últimamente muy cuestionada por sus declaraciones confusas acerca de su postura personal sobre temas de género, principalmente, fue la utilizada como mecha para encender lo que luego se convirtió en un desmán corto y absolutamente funcional a los intereses del gobierno.

El show debe continuar

No es necesario ahondar demasiado en lo sucedido: los medios de difusión, propiedad de las corporaciones que ejercen el poder real, tienen material de sobra para hablar durante horas y días de lo que quieren que las mayorías repitan. Gritos, una mujer hablando de misoginia y machismo, representantes del proyecto nacional-popular recortados en sus intervenciones y una sesión que tuvo que ser levantada por el “escándalo” son todo lo que se necesita para mantener a las mayorías populares completamente distraídas. Y aunque deben hablar de que el ministro no terminó respondiendo aquello que debía responder, lo dejan perfectamente excusado en la “hostilidad de la oposición” a la hora de dar explicaciones; ni la legalidad de sus cuentas offshore y ni su propia confesión de ser testaferro de otros son ahora el tema que se debate y eso, claro está, va en contra del pueblo y en favor de la impunidad de estos mandaderos del poder.

El ministro Caputo, contento con el resultado de la cortina de humo que lo salvó de ser desplumado hoy por diputados y senadores en el Congreso de la Nación.

Y acá está el problema más grande: toda esta operación tiene como fin el engañarnos y hacernos pensar y actuar en contra de nuestros propios intereses, que son los de las clases populares y trabajadoras. Porque en tanto nos sigamos dejando llevar por el ruido y no hablemos de las cuestiones de fondo, seguirá el gobierno neoliberal aplastándonos sin descanso hasta que no quede nada de nosotros. Mientras hablamos del papelito, Caputo y todos los funcionarios del gobierno que tienen cuentas offshore y tantos otros negociados turbios siguen en sus cargos, impunemente y convenciendo a muchos de que hacer las cosas mal está bien, porque ellos son los portadores de todo lo que es bueno, bello y verdadero en la Argentina de estos tiempos.

No todo está perdido

Así y todo, en medio del bullicio y el escándalo, el compañero y presidente del bloque de senadores del FPV Agustín “Chivo” Rossi pudo increpar al ministro con lo que debía tratarse en la jornada: el origen y uso de las cuentas offshore y sus implicancias políticas. Porque no debemos caer en la trampa; lo que se discutía era si el uso de dichas cuentas es un hecho de corrupción en sí y a este fin, Rossi no dudó en hablarle claro a Caputo: “Las cuentas offshore son donde los narcotraficantes y los tratantes de personas guardan sus dineros. Serán legales, pero es un hecho de corrupción”. Al suceder esto, vinieron una serie de explicaciones infundadas y confesiones involuntarias, por lo que la cosa fue de mal en peor y fue entonces cuando Luis Caputo, que se reía, le susurró al titular de la Bicameral José Mayans: “Levantala, vamos, porque yo ya estoy muerto”.

También intervino el exministro de economía Axel Kicillof, pero para ese entonces la cosa estaba ya convulsionada y todo se fue por la tangente. Y es esto justamente lo que buscaban los representantes de Cambiemos: que se desvíe el foco, que todos se enojen y que el odio por la arrogancia con que fue llevada la interpelación fuese lo que determinara, finalmente, en que Caputo no respondiera lo que debía responder y que la culpa fuese del kirchnerismo que no deja de poner palos en la rueda.

Pero de algo no pudieron escapar: todo lo que sucedió quedó registrado, los legisladores representantes del proyecto nacional-popular estuvieron atentos a cada exabrupto del oficialismo y nosotros, que estamos atentos y tenemos esta memoria de elefante, sabemos que más temprano que tarde y en tanto podamos explicar estas puestas en escena, las mayorías tendremos en nuestras manos el ponerle fin a la fiesta de los pocos de siempre.

 

Por Romina Rocha.