Sabemos hace tiempo que los intereses imperialistas del mundo tienen el propósito de quitarle todo cuanto puedan a los pueblos y sus tierras: la ambición del que todo lo tiene le impide pensar en dejar algo para los demás, porque jamás estará satisfecho. Lo que debemos entender es cómo ha evolucionado la metodología para que, al día de hoy, el poder real de tipo económico —que se esconde detrás de los poderes políticos que le sirven de fachada para sus negociados— no deba hacer mayores esfuerzos para avanzar y hacer, básicamente, lo que le venga en gana con aquellos que osen desafiar su autoridad.

Lo que ocurrió fue que, al estar al servicio de quien sea que los sustente económicamente, los medios de difusión se han sofisticado en su alcance y penetrabilidad a niveles inauditos: todas las informaciones que nos llegan desde distintos canales de difusión están dirigidas y manipuladas para capturar voluntades mediante engaños y discursos vacíos de contenido y realidad. No es una novedad, ya que todo recorte de los hechos es eso, un recorte, pero dependiendo de quién tenga la tijera es que aquel será beneficioso o perjudicial para quien lo recibe. Y a pesar de que venimos enterándonos de cómo nos espían en las redes sociales para guiar nuestras decisiones, la realidad es que no podemos escapar de las implicancias que el bombardeo de informaciones tiene sobre la sociedad en su conjunto. Es decir, nos afecta a todos más allá de nuestra capacidad de comprenderlo. Entonces la cuestión es: ¿cómo hacemos para contrarrestar los efectos negativos de estos embates?

Detectar al enemigo y observar sus movimientos

En primer lugar, debemos definir al enemigo real al que debemos hacerle frente: no es riéndonos de Macri o insultando a Caputo que vamos a cambiar lo que nos está sucediendo, ya que quedarnos en las formas una y otra vez nos lleva al mismo lugar, en donde los trabajadores seguimos con la soga al cuello y el gobierno sigue tirando de la soga. No sirve —y ya es hora de que nos hagamos cargo de esto— seguir cayendo en las provocaciones que sólo son funcionales al entretenimiento de las masas, en tanto el saqueo continúa y malgastamos nuestras fuerzas en situaciones orquestadas. El enemigo no tiene una sola cara, por lo que debemos enfocarnos en sus objetivos y en los artilugios que utiliza para alcanzarlos.

De diferentes maneras, todas ellas violentas, en todo el mundo está sucediendo que los gobiernos nacionales-populares están siendo atacados por las derechas antipopulares, las corporaciones y la especulación financiera que respaldan los ataques, debido a la falta de control que tienen sobre las sociedades que viven con justicia social y conciencia de clase popular; no se puede quitar dignidad a un pueblo que tiene conciencia del lugar que ocupa y que hace uso de sus facultades para defender sus derechos. Entonces, como ya no son tiempos en que las tomas violentas del poder sean viables debido a las olas de populismo que, como diría Scalabrini Ortiz, han dado lugar al subsuelo de la Patria sublevado, es decir, a la visibilización de los invisibles del pueblo: ya hemos atravesado la barrera que dividía lo que existe de lo que no, entonces la participación popular es inevitable. Y en este sentido, la manipulación mediática ha sido la nueva forma de generar consenso mediante el engaño liso y llano que propone el poderoso a través de sus imágenes estupidizantes y sus fundamentos imposibles sobre lo que quieren que entendamos como realidad. Nos quieren entretenidos y sumisos, y les viene saliendo muy bien. No hace falta profundizar demasiado para entender que nos pasamos el día peleándonos con nuestros pares cuando deberíamos unirnos y pelear contra el enemigo común, que es la derecha rabiosa atacando los derechos de todos los trabajadores sin distinciones ni excepciones.

La micromilitancia como herramienta del pueblo

Entonces, en este escenario en donde siempre los perjudicados somos los mismos, debemos pensar muy bien de qué manera proceder de ahora en más, en vista de la gravedad de los hechos de los que somos testigos en nuestra región en particular. Que encarcelen a Lula en las próximas horas y que de eso se esté haciendo un circo en donde el payaso es el propio Lula y la “justicia” de Brasil es la heroína debería, cuando menos, alarmarnos por el precedente que deja asentado. No estamos exentos de las consecuencias que eso conlleve, ya que en Brasil se vienen llevando a cabo las pruebas de rigor para lo que, poco después, terminan replicando en Argentina. Ya lo vimos con las reformas laboral y previsional, que primero fueron impuestas allá y luego acá, con la diferencia de que acá tuvieron que dejarlas en el freezer para que la opinión pública corra su foco de ellas y sean tratadas durante el mundial de fútbol, la gran cortina de humo que debemos atender pronto y antes de que nos deje ciegos. Y en cuanto al encarcelamiento de Lula sin pruebas de los delitos de los que se lo acusa, no es muy difícil ver que acá irán detrás de Cristina, de la mano de un juez que ya debería estar jubilado hace meses y que sólo hace lo que le mandan, sin importar cuán absurdo sea. Todas estas maniobras cuentan con el mismo cómplice: los medios, que en lugar de mostrar esos hechos como lo que son, los transforman en lo opuesto para manejar a piacere lo que la sociedad opine sobre esto.

El juez brasileño Sergio Moro, instrumento del poder fáctico de tipo económico para perseguir al líder popular, al igual que Claudio Bonadío en nuestro país.

Lo que tenemos a la mano y escapa del alcance del enemigo es la micromilitancia, eso que podemos hacer en el día a día y sin importar desde qué lugar: en el trabajo, en casa, con los vecinos, con los amigos, con los que cruzamos en la cola del banco o en el supermercado y cualquier otro ámbito de la vida cotidiana es apto para que generemos conciencia. No hace falta ser dueño de un medio para transmitir un mensaje, ya que lo hacemos a diario sea que lo hagamos de manera consciente o no. De ahí la importancia de definirnos y saber en qué lugar estamos en este escenario, ya que ahí va a estar que la diferencia que hagamos sea en favor o en contra de nuestros propios intereses. Para ello es fundamental formarnos, saber qué es lo que queremos y creemos mejor y más justo para el conjunto, porque no podemos pensar sólo en nuestros deseos individuales viviendo en una sociedad en la que dependemos los unos de los otros. En el mundo entero sólo existen dos bandos reales: el del poderoso y el del pueblo, y es en función de este último que los proyectos políticos deben organizarse.

Ya tuvimos a Perón, a Néstor y a Cristina, que nos demostraron que es posible llevar adelante un gobierno para los trabajadores en tanto y en cuanto sepamos elegir a quiénes nos representan y qué es lo que merecemos para vivir mejor. Es nuestro deber estar atentos y no dejarnos engañar más por los que vinieron a hacer el cambio que no necesitábamos; va llegando el momento en que cada uno de nosotros será fundamental para que la unidad sea fuerte y así volvamos a retomar la construcción de la Patria que, ya sabemos, no fue por magia que logramos conseguir.

 

Por Romina Rocha.