Se está gestando por estos días lo que a los medios de difusión les gusta llamar “nueva oposición”, “oposición democrática” o, mejor aún, “peronismo anti kirchnerismo”; se trata del bloque que se está conformando alrededor de Sergio Massa y Miguel Ángel Pichetto para, literalmente, “hacerle frente al kirchnerismo”. Pero, “¿cómo es esto posible?”, podríamos preguntarnos; “¿la oposición no la tenemos que dirigir al gobierno de Cambiemos?”, cabría agregar. Y las respuestas a estas preguntas, lamentablemente, son muy simples: no hay una determinación del peronismo todo para hacerle frente al gobierno en busca de la defensa de los intereses de las mayorías. Lo que hay, en cambio, es una puja por ver quién se lleva más referentes hacia un bando u otro y esto es, más cerca o más lejos del gobierno antipopular de Macri.

La gravedad de este asunto no radica en que haya diferencias dentro del peronismo ya que siempre las hubo y siempre las habrá; el problema es que de esta forma sólo seguimos en medio de una gran fragmentación de cara a lo que está sucediendo en la Argentina en la actualidad y en vistas de lo que puede suceder en 2019 si no unificamos fuerzas. Porque ya lo pudimos comprobar: el enemigo de los pueblos, materializado en la figura del presidente y todo su equipo de gobierno, tiene una estrategia muy audaz para provocar, enfurecer y dividir a quienes le hagan oposición, sea cual fuere el motivo por el que la misma se manifieste. Incluso con los propios hace uso de esta estrategia, ya que si cualquiera comete algún exabrupto que pudiera afectar negativamente la imagen que tienen ante el público en general, buscan la manera de capitalizarlo y transformarlo en algo a su favor, ya sea poniendo en ridículo a quien lo comete para desmerecer sus dichos, o bien usando la bronca que se genera por el exabrupto para crear una cortina de humo sobre la que los medios de difusión trabajen para distraer a los trabajadores de aquello que es realmente importante. Ya lo saben: enojados nos manejan mejor.

El síndrome del camaleón

En este escenario, algo sobre lo que no debemos perder la atención es en los camaleones políticos, es decir, aquellos híbridos indefinidos que a lo largo de su mal llamada “carrera” política han ido de un lado al otro, siempre en busca de un espacio desde donde puedan figurar. La política argentina está repleta de estos especímenes, no es novedad y el problema no está ahí estrictamente. De lo que debemos cuidarnos es de no olvidar quién es quién acá, y si nos guiamos por los representantes de esta iniciativa —que se da en respuesta a la cumbre que tuvo lugar en San Luis hace pocas semanas—, no es muy difícil entender que hay mucho por hacer de ahora en más para no perder de vista el horizonte.

Para graficar la situación, vamos a tomar lo que está haciendo Sergio Massa en vistas de esta “oposición democrática” que quiere conformar con Pichetto: el primero está yendo al fonoaudiólogo para cambiar su manera de expresarse en público ya que, según entendió después de hacer encuestas y asesorarse en cuestiones de imagen, lo que la gente no le cree tiene mucho que ver con su voz casi adolescente y su escasa capacidad de explicarse cuando tiene que hacer política. Entonces ahora lo están coacheando, pero esto no es para que sea mejor político ni mucho menos: es simplemente una cuestión de imagen. Lo que quiere es aparentar que se ha convertido en un mejor político y que, por ende, es un mejor candidato hacia el 2019. Todo apariencia, porque así está operando un sector de la política que poco pretende hacer por los intereses de las mayorías, pero que necesita de sus votos para llegar a ocupar los lugares de privilegio a los que aspiran. Entonces se van manejando a lo largo y ancho de la historia según qué intereses primen para los que detentan el poder; van a conveniencia a ocupar los lugares donde puedan obtener mayores ventajas y ese es su ejercicio de la política en general.

La gravedad de todo esto radica en que en medio de la disputa por ver quién es más o menos peronista, o quién es más o menos opositor, quienes queremos de verdad hacer una unidad en el campo popular para hacerle frente a la brutalidad de las políticas del gobierno de turno nos vemos inmersos en un problema serio. En lugar de estar hablando de los proyectos y de las soluciones que podemos dar a las problemáticas actuales, debemos estar cuidándonos de que no queden entre los camaleones y los enemigos, que terminan siendo una y la misma cosa. Aquellos que fueron en contra de los intereses de los trabajadores y quienes se mueven de un lado al otro del arco político, son igual de contraproducentes que el enemigo ante el cual estamos parados.

Unión y fuerza, los valores por encima de todo

¿Cuál es, entonces, la salida a este embrollo? En primer lugar, no debemos permitirnos caer en las provocaciones desde el propio peronismo: quienes creen que la cuestión es si Cristina sí o Cristina no dentro de nuestras propias filas, no están viendo que lo que debemos acordar, ante todo, es qué tipo de políticas y estrategias debemos llevar a cabo para acercarnos en todos los ámbitos y contemplar las necesidades que queremos cubrir y defender. Los personalismos, en esta instancia, sólo nos van a llevar a seguir discutiendo las formas y no los contenidos. Si seguimos dándoles motivos para que no escuchen nuestros fundamentos, entonces seguiremos hablándole a sordos que han sido convencidos de que hay una “pesada herencia” y de que por eso hoy estamos como estamos. No podemos seguir alimentando esa falacia, pero tampoco podemos seguir esforzándonos por derrocarla desde los argumentos. Lo que debemos hacer es demostrar que tenemos la capacidad de superarnos a nosotros mismos y de hacer algo mejor hacia el futuro.

No obstante, es fundamental el observar las estrategias que utiliza el gobierno actual en cuanto a la obtención del consenso: aprendamos de ellos en ese sentido, que han sabido hacerse de la comunicación como eje de su permanencia y pantalla de su crueldad. Podemos aprender y mejorar incluso, ya que está a la vista que todos los recursos comunicacionales son válidos y eficaces, pero sólo serán beneficiosos si los sabemos utilizar en pos de generar una mayor conciencia en nuestros compañeros, en nuestros vecinos y hasta en nuestros propios enemigos. Siempre estarán los que se paren definitivamente en la vereda de enfrente y a ellos, por supuesto, los debemos tener ahí mismo, del otro lado de la vida. Pero a los que están en el medio, o a los que a veces están acá y a veces se quieren ir, a esos no los vamos a convencer a fuerza de recuerdos memorables, sino poniéndoles a la vista que tenemos una manera de solucionar los problemas que la dirección actual de nuestro país ha traído como consecuencia para todo el conjunto social.

Debemos simplificar el mensaje: ante el problema, la solución, y que se entienda de una vez por todas que sólo utilizando la política es que vamos a lograr cambios reales y sustanciales en las mayorías, como ya logramos conseguir en otros tiempos y podremos retomar si tenemos en claro quiénes son los camaleones y los enemigos de las clases trabajadoras argentinas. No nos dejemos engañar.

Por Romina Rocha.