La reciente intervención del PJ Nacional es una clara muestra del uso de lo judicial al servicio del poder político, lo que se conoce mundialmente como lawfare, utilizado para perseguir y desprestigiar a representantes —siempre los que van por los intereses de los pueblos— o para proscribirlos si fuera necesario. No es novedad que esto ocurre, pero lo cierto es que no podíamos esperar semejante golpe, no teníamos cómo prevenirlo. La íntima relación del gobierno de Mauricio Macri con el aparato judicial todo es una fatalidad para las libertades y los derechos del conjunto social argentino; cada movimiento es contrario a las necesidades de la población y siempre, sin excepción, en favor de la ampliación de las garantías para la permanencia del modelo actual, que es de destrucción sistemática y profunda.

En esta movida —cual juego de ajedrez— lo que se quiere es instalar es una doble hermenéutica: primero, que el sentido común vea un circo mediático en lugar de una lucha política para, entonces, descalificar al peronismo de manera homogénea; no importa en verdad quién es más o menos peronista en la puja, lo que interesa es que ni los peronistas se pueden poner de acuerdo, porque son unos “payasos”. La ridiculización de toda la situación tiene como fin esta interpretación general. Al extirpar del sentido común la idea de que el peronismo es un partido “serio” (entre muchas comillas, porque sabemos que los globos y las frases vacías de serio no tienen nada), llega la instalación de una nueva interpretación de lo que el peronismo tiene que resultar para ese sentido común, y es que “no se puede confiar” si no poseen aquella “seriedad”. Entonces, con el camino liberado del partido con más peso en el campo popular de la historia reciente, no es muy difícil entender que el actual partido de gobierno apuesta a todo o nada con esta jugada. Salieron con los tapones de punta.

Amigos son los amigos

Pero para que la estrategia funcione a la perfección, necesitaban poner a alguien en quien puedan confiar realmente y Luis Barrionuevo les quedó como anillo al dedo. No sólo porque se autodefina como “peronista de sangre” o de los “verdaderos peronistas”, sino más bien por ser un gran amante de Macri y todo lo que él representa. Pero además y para completar la funcionalidad de este personaje en su flamante rol intervencionista, lo que tiene Barrionuevo de particular es que provoca los más diversos sentimientos; sabe y disfruta de generar reacciones de las que el esquema discursivo-mediático de Cambiemos saca el máximo provecho en cada ocasión. Porque se necesita gente de confianza para hacer el trabajo sucio, y definitivamente este personaje está dispuesto a actuar de la manera que sea más beneficiosa para los intereses que representa. Es un amigo de la casa, pero no de la nuestra.

Porque el mismo tipo que en los años 1990 se hizo famoso con la frase “tenemos que dejar de robar por dos años” y que en el 2003 volvió a la carga quemando las urnas en Catamarca, hoy se mantiene cercano a las decisiones del ejecutivo y no es una oposición real ni constructiva en materia política: es necesaria la contraposición de los modelos de país para que exista una democracia real, ya que si no están en pugna todos los intereses de la población, entonces no tendremos representación real en la toma de decisiones que nos afectan a todos. Y en cuanto a la conformación y reorganización del Partido Justicialista, la pretensión de Barrionuevo es reunirse con aquellos dirigentes y representantes que estén dispuestos a aceptar las nuevas directivas, excluyendo del conjunto al kirchnerismo completo. Esto queda más claro aún cuando leemos parte de un artículo de InfoBAE sobre el tema, citamos: (…)“el referente de los gastronómicos se reunió por la noche con el ex presidente Eduardo Duhalde, desplazado del poder partidario por el kirchnerismo al que él mismo ayudó a llegar al Gobierno. Dicen en el entorno del interventor que Duhalde está contento porque ahora se ‘recuperará’ al partido.”

El presidente depuesto del Partido Justicialista, José Luis Gioja, en la puerta de la sede partidaria de Matheu 130 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

“Ellos (los kirchneristas) no tienen nada que hacer en el PJ. Ellos armaron su propio partido, Unidad Ciudadana. Ellos lo que quieren es usar al PJ de madriguera. “, dijo a Clarín en una nota que bien pareciera ser una conversación de amigos más que un trabajo periodístico. Entonces la intención es clara: quieren fragmentar, como decíamos en la nota anterior, para debilitar al peronismo de cara a las elecciones del 2019 y así poder formar un frente oficialista que no tenga un rival contundente ni validado en la opinión pública en general. Quieren y efectivamente logran hacer de esto un gran escándalo para desmerecer y descalificar al peronismo todo, cuyo referente de ahora en más pasa a ser el tipo que está dispuesto a hacer todo para quedar bien con sus jefes. Total normalidad.

Nos tenemos que cuidar las espaldas

Ante esto, lo que nos queda a quienes realmente queremos conformar una fuerza que represente al campo popular en el gobierno es no rendirnos. Por un lado, los dirigentes están apelando las decisiones judiciales porque no se puede permitir que se siga utilizando a la justicia como brazo político para el “ordenamiento” de las fuerzas opositoras; es de mucha gravedad que esto suceda y es deber de nuestros dirigentes el hacer uso de las herramientas jurídicas que estén al alcance para ponerle un freno a estos atropellos. De otra forma, si esto pasase de largo, estaríamos habilitando a que luego vengan más detenciones arbitrarias y vaya a saber uno qué otras cosas con tal de acallar a todo lo que represente una “amenaza” al actual funcionamiento del gobierno corporativo que nos administra. Y por otro lado, quienes estamos en el barro debemos estar más atentos que nunca a nuestra tarea diaria de visibilizar lo que sucede y brindar soluciones concretas a estos problemas.

No es bueno decirlo, pero mucho menos bueno es evitarlo: debemos cuidarnos las espaldas porque, como nos dijo Néstor, vienen por nuestros sueños y por el futuro de la Patria, y esto ya dejó de ser una frase y se convirtió, lastimosamente, en una realidad de la que no estamos sabiendo escapar. Porque en lugar de estar concentrados en los proyectos para salir de la crisis en la que estamos, tenemos que estar rebatiendo una y otra vez los embates perfectamente orquestados del enemigo que hoy se muestra con el rostro al descubierto. Ya no se matiza, ya no disimula: viene con el cuchillo en la mano y mostrando los dientes. El problema está en que la fragmentación ha sido tan profunda y sistemática que incluso entre nosotros se hace difícil ponernos de acuerdo. Desde el odio y la confusión nos han sabido contaminar a todos.

Entonces es nuestra tarea estar atentos a todo el panorama, ya que mientras se intervenía el PJ se daba en el Congreso el debate por la ley del aborto; tuvieron la cortina de humo perfecta para hacer la jugada y que el foco estuviese en otro lugar. Y a su vez, cuando por fin el escándalo estalló en el PJ -con la ridiculización de la situación en palabras del propio Barrionuevo diciendo que Gioja se había “atrincherado” cuando esto no fue así-, la discusión sobre la ley del aborto pasó a ser, una vez más, invisibilizada por el show de los medios. Nos están usando a todos como conejillos de indias para, en tanto, seguir con el desguace del Estado. El juego lo están ganando ellos por afano y lo que nosotros debemos hacer de una vez es organizarnos. No podemos permitir que nos roben el futuro, esta lucha hay que darla a todo o nada.

Por Romina Rocha.