Como si fuera una gran ironía, el tratamiento de la nefasta reforma laboral vuelve a la carga antes, durante y después de la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores. Y esto, como todo en el gobierno del enemigo de los pueblos, no es casual ni absurdo, sino una más de sus astucias. ¿Qué mejor momento para enloquecer a la opinión pública sobre este asunto que cuando, en teoría, se deberían estar reivindicando los derechos laborales? Ciertamente es ahora cuando tienen que hacerlo, porque la incomprensión de este movimiento en estas fechas, sumado a las terribles consecuencias que tendrá la reforma de ser aprobada sobre todos los trabajadores, tiene como resultado la desesperación de una mayoría popular que no sabe para dónde salir corriendo.

Está pasando todo a la vez, porque el apuro por terminar lo que vinieron a hacer ha ido en aumento en la medida en que las consecuencias empezaron a hacerse inocultables y, además, que sus mismos operadores empezaron a abrir el paraguas. Ya no está siendo tan infrecuente ver u oír en algunos medios de difusión —que hasta no hace mucho sólo se encargaban de blindar al gobierno— opiniones disonantes y hasta críticas, e incluso notas como la de Axel Kicillof hace pocos días en Infobae, donde habla del desastre de la bicicleta financiera y sobre la situación del Banco Central.

“Muy extraño”, pensamos al principio. Pero lo cierto es que a este ritmo y con lo fuerte que se está apretando la soga al cuello de todo el campo popular, los operadores de los medios de difusión saben que el gobierno, al irse o terminar su mandato, dejará un desmán y sus títeres irán escapándose y camuflándose para perderse de ser blanco de la bronca generalizada. Los medios, por otro lado, seguirán estando y tendrán que volver a operar para que olvidemos que son ellos nuestro mayor enemigo, entonces algunos de ellos empiezan a despegarse. De esta manera, cuando todo esté en llamas el poder real de tipo económico, que son las corporaciones que manejan los medios, podrá disfrazarse de bombero para decir que apagó el fuego que él mismo inició.

Van por el knock-out

En cuanto a la reforma en sí, que por estas horas ya está ingresada en el Congreso desde el viernes 27 de abril y en el día de hoy está siendo tratada en la Comisión del Trabajo, para cuanto antes ir avanzando en los puntos que quedaron pendientes el año pasado cuando las manifestaciones populares obligaron a dejar enfriar el asunto hasta ahora. Pero los puntos más conflictivos y oscuros de la reforma serán tratados durante el Mundial, al igual que durante la dictadura cívico-militar-mediática donde se hizo un campeonato en nuestro país a modo de cortina de humo, para así poder matar y desaparecer a miles de personas mientras las mayorías se distraían con el fútbol.

El primero de los proyectos apunta al blanqueo laboral, con una lista de beneficios para el empleador, ya que quita la responsabilidad judicial por tener empleados en negro, los exime del pago de multas y los borra del Registro de Empleadores con Sanciones Laborales. Además, el trabajador debe “renunciar a toda acción” judicial contra su empleado. Una maravilla para limpiar el escándalo del propio ministro de Trabajo, que de ser aprobado este proyecto contaría con el visto bueno para hacer de cuenta que allí nunca pasó nada. Por supuesto, esto también es de gran utilidad para todos los empresarios amigos y parte del gobierno, que es corporativo y busca su propio beneficio utilizando al Estado como base de operaciones.

El ministro Jorge Triaca reunido con los representantes de la CGT que le darán su apoyo y fondo, como una gran ironía, las fotos de Evita y Perón.

La segunda ley es sobre el Sistema de Prácticas Formativas para estudiantes, con cargas horarias de hasta 30 horas semanales y pagos —bajo el eufemismo de “estímulos”— no remunerativos. Es decir, quieren meter a los pibes a laburar gratis pero al “amparo” de la ley. Como les salió mal esa movida con McDonald’s que todo el oficialismo apoyó con descaro, ahora van por la revancha pero desde sus propias empresas, que serán las mayores beneficiarias de este punto al igual que con el anterior y con todo este plan de negocios que están llevando a cabo.

El tercer proyecto es el que más interesa a algunos sindicalistas: establece la creación de la Agencia Nacional de Evaluación de Tecnologías de Salud (AGNET). La esperanza para los dirigentes sindicales es que los ayude a bajar la litigiosidad y prestaciones en sus obras sociales, ya que esta entidad evaluará el uso de tratamientos, medicamentos y todo rubro vinculado a la atención de la salud. Es decir, que los trabajadores también tendrán más restricciones con sus propias obras sociales, lo que quedará a criterio de cada sindicato o, mejor dicho, de lo que los que se están sentando a la mesa a entregar lo que el gobierno les pide sin chistar.

Pero el punto más preocupante de la reforma es el párrafo que excluye del cálculo indemnizatorio “el sueldo anual complementario, los premios y/o bonificaciones, y toda compensación y/o reconocimiento de gastos que el empleador efectúe hacia el trabajador”. En otras palabras, las indemnizaciones serán mucho más baratas y así, los patrones podrán disponer o prescindir de mano de obra mucho más barata, con muchas menos complicaciones para ellos y, claro está, con todas las de perder para los trabajadores de a pie.

No nos dejemos distraer

Lo que nos queda a las mayorías por hacer, en primer lugar, es no dejar que nos sigan manejando a piacere, ya que nos están dispersando una y otra vez mientras siguen avanzando en la desarticulación total de nuestras vidas. Se viene el Mundial de fútbol y siendo los argentinos tan futboleros, ya podemos anticipar que será no sólo utilizado por el enemigo como cortina como ya dijimos, sino también para paliar las penas de un pueblo que viene de mal en peor.

Es natural, cuando la tristeza invade a un colectivo de personas, que todo aquello que ayude a levantar el ánimo aunque sea por unos momentos, es exprimido hasta el final y eso, en este caso, sería una fatalidad. Porque si nos dejamos invadir por el desánimo, por la impotencia y por la bronca, lo más probable es que todo nos salga mal, muy mal. Pero esta vez no estamos en el 2001, no nos toma por sorpresa ni nos tiene que agarrar desprevenidos. Ahora es peor porque la información está a disposición de todos pero lo grave es que cada vez se entiende menos.

Paremos de consumir humo y de escupir fuego para hacer catarsis, de nada sirve estar puteando al títere mientras el titiritero sigue con la función. No debemos seguir gastando pólvora en chimangos.

Por Romina Rocha.