A pocos días del comienzo de la copa del mundo y habiendo estirado los plazos para que todo, finalmente, se desmorone sobre nuestras espaldas, el gobierno neoliberal hace agua por todos lados y ni siquiera el blindaje mediático alcanza para que la fatalidad se haga evidente.

El plan de negocios viene siendo ejecutado de manera tal que, aún con la latencia y aumento del descontento social a cuestas, puede seguir el saqueo al pueblo argentino sin miramientos ni contemplaciones. La necesidad de dólares prestados es insoportable, pero los golpes han sido tan efectivos e ininterrumpidos que han logrado adormecer a la sociedad a puntos insospechados hasta hace tan sólo 3 años atrás.

Porque lo cierto es que con tan sólo comparar las reacciones ante políticas cuestionadas por la opinión pública durante el gobierno nacional-popular en relación a lo que sucede ahora en el gobierno neoliberal podemos, como mínimo, entender que hay un enorme sector de nuestra sociedad que no se moviliza por aquello que lo afecta en su nivel de vida, sino más bien por aquello que le genera rechazo, sin importar si eso es beneficioso o perjudicial para sí mismos.

Es decir, estamos atravesando los tiempos en los que no importan los contenidos, sino las formas. Porque si el dólar “se dispara” o “está incontrolable”, ese sector de la sociedad sale indignadísimo a reclamar por un control sobre el precio de la divisa; pero si el mismo dólar “pega un saltito”, entonces ese mismo sector se puede quedar tranquilo en su casa pensando que no hay nada de qué preocuparse, aún si los “saltitos” son constantes y le van quitando a diario el poder adquisitivo para subsistir.

Divide y reinarás

La mayor y más efectiva arma con la que cuenta el gobierno antipueblo es la manipulación mediática a través de la cual logra que la incomprensión sobre lo que está pasando sea cada vez mayor pero siempre y por distintos motivos responsabilidad de la gestión anterior. La caída de la imagen del títere mayor, Mauricio Macri, es cada vez más acentuada y esto ya no se puede revertir. Tampoco se quiere, porque lo cierto es que la función de este personaje era fundamentalmente quitar del poder al gobierno nacional-popular para que las corporaciones, que son las que financiaron la campaña de Cambiemos y la de todos los candidatos que ayudaron a fragmentar al electorado, ya lograron sus principales objetivos y lo que resta será producto del movimiento ya imparable de la destrucción de nuestra economía.

Entonces lo dejan caer, porque deben preparar el terreno para algún otro que siga cumpliendo el mismo rol: el de hacer lo que las corporaciones y la clase dominante oligarca quiere que se haga. Pero también se les van de las manos aquellos que podían “suplantar” a Macri en la presidencia. María Eugenia Vidal, que era el caballito de batalla de Cambiemos, viene también derrapando por su propia naturaleza puesta en evidencia y ya inocultable ante los ojos de quienes quieran verla, y es por esto que el enemigo empieza a apuntar a lo que quiere que el sentido común crea que es el “peronismo federal”.

Macri con Miguel Pichetto, el referente máximo del “Peronismo Federal” que le da la derecha al oficialismo.

Ese “peronismo” que empieza a tomar protagonismo luego de innumerables derrapes del oficialismo es a lo que el poderoso se empieza a aferrar de cara a lo que promete ser una verdadera batalla cultural para las próximas elecciones. ¿Y por qué cultural? Porque van a jugar con todas las armas para destruir por completo la comprensión de un sector del electorado sobre qué es lo que le conviene a la clase trabajadora como conjunto. Es decir, no hay ni habrá en esto una puja real por proyectos y modelos de país, sino que el enemigo propone y propondrá una lucha por el buen sentido acerca de lo que necesitamos como pueblo. Y en este sentido, la fragmentación de todos los sectores políticos será la manera en que pretenderán quitarle fuerza a una oposición en la que, como dijera Alberto Fernández, con Cristina no alcanza, pero sin ella no se puede.

Y como no podía ser de otra manera, la única forma que tiene el enemigo de fragmentar por completo y tener posibilidades de sostener en el tiempo este desmán, es sacar del medio a Cristina a como dé lugar. En esto no pierden tiempo ni se fijan ya en lo burdo de su accionar, ya que luego de la brillante intervención de nuestra yegua en el Senado poniendo al descubierto las mentiras, la manipulación y el cinismo con el que el gobierno neoliberal está desintegrando a la clase trabajadora, sacaron a pasear nuevamente al fiscal Nisman que no deja de ser pretexto para correr el foco de lo que realmente importa.

Pero en verdad, la utilización de la imagen de Cristina tiene múltiples propósitos, todos ellos en contra de los intereses de las mayorías populares. Porque por un lado utilizan sus dichos y sus acciones para generar una contraposición constante con el gobierno y sus personajes, de modo que la polarización del electorado sea cada vez más acentuada. Por otro lado, el estar hablando nuevamente de ella y apelar a las causas que lleva adelante un juez que ya debería estar jubilado y que claramente actúa bajo la orden explícita de lo que el enemigo necesite, termina funcionando como una gran cortina de humo detrás de la cual siguen pasando los elefantes del FMI, de las LEBACS, de los aumentos en servicios, tarifas e inflación y de la pérdida progresiva y agobiante del poder adquisitivo de la clase trabajadora toda.

Sálvese quien pueda

Entonces lo que queda de todo este menjunje es lo siguiente: hay un sector del peronismo que no quiere acercarse a Cristina y que por ese motivo está siendo apoyado por los medios de difusión para fragmentar lo más posible al electorado y, de esta manera, poder ganar tiempo para el armado de una nueva fachada desde la cual las corporaciones sigan definiendo el destino del pueblo argentino. A la vez, Cristina sigue sumando fuerzas porque a medida que todas las mentiras caen, la verdad se va haciendo clara y la mayor representante de los intereses de la clase trabajadora sigue siendo ella. Y, por otro lado, queda el oficialismo que no puede determinar en este punto quién de sus filas puede exponerse a lo que probablemente sea una afrenta feroz en la que, al menos por ahora, no se puede determinar quién ganaría ni a qué costo.

Mientras tanto y en el medio, estamos los trabajadores entre los que hay muchos abombados que ya no están pensando en proyectos de país ni en la construcción de una patria justa, sino que más bien están pensando en el “sálvese quien pueda”, tomando —tal vez sin plena consciencia de ello— a la mal llamada “meritocracia” como base fundamental de un egoísmo justificado en la lucha por la supervivencia a la que el enemigo nos expuso y nos empuja cada vez con más intensidad. El egoísmo es el arma silenciosa que junto al odio está logrando que, en lugar de estar unidos y organizados, estemos peleando y discutiendo acerca de aquello en lo que no debería haber dudas.

Pero no podemos permitirnos caer ni mucho menos descansar en la lucha diaria por la comprensión de la realidad, ya que de eso depende que este desastre lo arreglemos o que terminemos siendo esclavos de un sistema en el que sólo sobreviva el que esté dispuesto a pisarle la cabeza a sus propios compañeros. Todavía estamos a tiempo.

Por Romina Rocha.