Mientras todas las miradas estaban puestas en el Congreso, donde nuestro país hacía historia en materia de derechos, el gobierno hizo pasar a espaldas de los ojos argentinos el elefante más temido: el ajuste que vendrá a partir del acuerdo con el FMI. Todos los detalles están plasmados en una carta de intención que el Ejecutivo envió al organismo multilateral de crédito, que se difundió ayer y que lleva la firma de Nicolás Dujovne y Federico Sturzenegger, quien con esa misma la lapicera firmara horas después su renuncia.

Las 33 páginas de la carta junto a los dos anexos que la acompañan establecen los términos del brutal ajuste que vendrá de la mano de los 50 mil millones de dólares que enviará el FMI. La misma habla de “racionalizar el empleo público”, un eufemismo para luego pasar la tijera y recortar a los empleados del Estado. Según dice la carta, se buscará que el gasto en personal caiga del 3,2 por ciento del PBI en 2017 al 2,7 por ciento hacia el final del programa contemplado en 2020. Las propuestas para lograrlo son:

– No renovar cargos en puestos no prioritarios,
– Congelar las nuevas contrataciones en el gobierno nacional durante dos años
– Eliminar las posiciones redundantes

Añadido a esto, habrá recorte de presupuesto para las empresas públicas, donde se habla de “cancelación de contratos existentes”.

“Los ancianos viven demasiado…”

Otro de los capítulos más controvertidos y dolorosos es el que se refiere a los jubilados y los fondos de la ANSES. El memorándum promete “amortizar activos de los fondos de pensión que se encuentran actualmente en posesión del gobierno como un medio para ayudar a financiar el pago de pensiones, incluyendo aquellas incluidas en la Ley de Reparación Histórica”. De esta forma, se afectaría el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, una reserva que tienen los jubilados y los sectores vulnerables para afrontar frentes de tormenta.

 

Imagen de diciembre de 2001, luego de que los mismos personajes de la actualidad anunciaban el acuerdo con el FMI que derivaría en la crisis a la que, lamentablemente, pareciera que estamos volviendo.

Dentro de la cuestión jubilatoria, la promesa del gobierno al FMI incluye “introducir mejoras en el sistema de pensiones que lo hagan financieramente sostenible y más justo”. En otras palabras, el sistema previsional tiene que ser un buen negocio o de lo contrario no puede funcionar. Y para que esto ocurra, los jubilados tienen que ganar lo menos posible para que las ganancias sean mayores. En este sentido, el “problema” de la longevidad empezaría a corregirse, ya que si hoy hay jubilados que no comen para pagar los servicios, lo que seguirá serán los jubilados que no vivan para no endeudarse.

El crecimiento invisible, intangible e imposible

La obra pública también se verá afectada. El gobierno propone anular todos aquellos que no sean “proyectos de obra pública esenciales para dinamizar la competitividad de nuestro país”. Esto, por supuesto, es una forma elegante de decir que no se va a hacer nada que no sea importante para los negociados del mismo gobierno, que en estos términos ya estaría teniendo todo el entramado preparado para finalizar con el plan de saqueo y destrucción de todo el pueblo.

Y para que el golpe a los trabajadores sea fulminante, los tarifazos seguirán siendo la norma para aumentar al máximo la presión sobre las espaldas de las mayorías populares. En su frenética idea de reducción del déficit fiscal, el Ejecutivo se comprometió a reducir subsidios en materia de transporte y energía en 1,1 por ciento del PBI. Según el esquema que establece la carta, buscan que el costo del gas cubierto por los consumidores pase del 80 por ciento en 2017 al 90 por ciento en 2020. Y para la energía la aceleración será mayor: del 60 por ciento en 2017 al 90 por ciento en 2020.

Entonces tenemos que ser observadores y estar atentos, porque mientras estábamos celebrando el principio de una gran transformación social y cultural, nos estaban quitando derechos y posibilidades de cara a un futuro que se ve cada vez más oscuro y complejo. Tenemos que estar unidos y organizados, porque así como demostramos que cuando queremos defender una causa podemos copar las calles y militar hasta lograr que se haga ley, es necesario hacerlo ahora en torno a la defensa de nuestras libertades y de nuestro futuro, porque nos están destruyendo y no quedarán más que escombros de lo que con tanto esfuerzo construimos si no hacemos algo pronto. Que no nos gane la resignación.

Por Romina Rocha.