Son horas críticas para el pueblo argentino, en las que se están desmantelando las empresas y servicios del Estado con el fin de dejarnos desamparados en todas las áreas en las que éste debe protegernos por derecho. Entramos en la fase más cruenta del proyecto corporativo y neocolonial de la oligarquía cipaya que nos administra, ya que los tiempos se aceleraron y van por la derrota de nuestra capacidad de soportar todos los embates que están dando en simultáneo. Los despidos en los medios de comunicación los están realizando en tandas desde el comienzo del gobierno neoliberal para que la indignación dure poco y se vaya desvaneciendo con el shock de otros golpes que afectan al conjunto de diferentes maneras.

Los 354 despidos en Télam no están siendo difundidos por los medios hegemónicos porque es parte del plan de desmantelamiento de la comunicación, pero principalmente de lo que simboliza la comunicación en tiempos de gobiernos nacionales-populares, apuntando a la agencia fundada por el General Perón y antes, hace pocos meses, despidiendo a 140 empleados de TDA, a empleados de la TV Pública, de Canal Encuentro y de Paka Paka, símbolos y logros del gobierno kirchnerista. Cuando informen sobre algo del asunto, será por “incidentes” o por desgaste, pero no sin antes haberse encargado de difundir los “motivos” por los cuales hoy hay cientos de familias sin empleo.

De la misma forma se está operando con todo lo que están padeciendo los trabajadores de distintos sectores: los docentes de Chubut hace casi un mes que están en protesta y ayer fueron reprimidos violentamente por la infantería. Si algo de esto sale por televisión será para mostrar la violencia, pero no para explicar a qué se debe ni quién la está ejerciendo. Se trabajará la idea de que las protestas terminan mal porque son violentas en sí, que ninguna lucha colectiva se gana en las calles a no ser que sea “avalada” por el gobierno.

La dictadura del miedo

La metodología para el dominio de las masas siempre tiene como elemento principal al miedo, porque es la fuerza que se autoinflige todo ser humano para protegerse de los peligros externos a sí mismo. Venimos de 12 años de gobierno nacional-popular en los que aprendimos a luchar, a movilizarnos y a defender nuestros derechos de manera organizada y potente. Nos empoderamos, como nos dijo Cristina terminando su mandato, pero ese empoderamiento popular es lo que el gobierno corporativo se está encargando de transformar en luchas sectarias para fragmentar a la clase trabajadora desde adentro.

Para esto lo que provocan es un miedo selectivo y lo hacen mediante la represión organizada de determinado tipo de protestas, en determinados momentos y con la visibilidad ajustada a los fines del mensaje que se quiere transmitir. Entonces tenemos como resultado que manifestarse en favor o en contra de la ley del aborto no es motivo de represión, pero acampar al aire libre y bajo la nieve en reclamo de salarios atrasados sí lo es. Y esto no invalida ninguno de los dos reclamos, pero ciertamente al plan de estímulo del gobierno neodictatorial le es conveniente que la fuerza del campo popular esté focalizada en luchas sectarias por derechos de grupos y no en luchas colectivas por salario, pan y trabajo.

Infantería en la represión a los docentes en Rawson, provincia de Chubut, durante la última jornada de reclamos por salarios atrasados y reapertura de paritarias.

Y no es que esto resulte así sólo por la administración del uso de la represión, sino que el tratamiento mediático termina de darle forma al mensaje que se quiere transmitir al conjunto social y al sentido común colonizado de ese conjunto al que se apela. Si vemos que pedir por una ley es tema de debate, pero no motivo de represión, pero pedir por trabajo es motivo de peleas, incidentes y violencia, entonces lo primero es “democrático” y lo segundo es “antidemocrático”. Lo primero se puede hacer, pero lo segundo es inadmisible. Y tan simple y profundo es el mensaje que hoy, a menos de 3 años del comienzo de esta etapa de pérdida progresiva de derechos y libertades que estamos sufriendo, no hay brutalidad que sacuda lo suficiente al conjunto como para que haya una lucha organizada y efectiva en defensa de todo lo que estamos padeciendo.

Volver a las bases

En este sentido, es fundamental poder volver a las bases del peronismo de Perón, el que promovía la independencia económica, la soberanía política y la justicia social como principios irrenunciables del movimiento. Al caer en las distracciones generadas por el enemigo, estamos siendo todos —aunque sea costoso reconocerlo y asumirlo— funcionales al juego que propone y del que nos está siendo muy difícil escapar. Porque finalmente, al quedarnos discutiendo las formas en lugar de ponernos de acuerdo en la defensa de los contenidos, la fuerza con la que aún contamos para luchar se dispersa y no terminamos de transformar la realidad en favor de la clase trabajadora.

Porque mientras intentamos explicar la fragmentación que está sufriendo el campo popular, el plan de negocios del gobierno sigue a toda marcha y las consecuencias se están haciendo cada vez más notorias e insoportables para sectores crecientes de la clase trabajadora. Cada vez hay más chicos que no comen, que lloran de hambre en las aulas, que pierden sus posibilidades de vivir su infancia, que dejan de soñar con un futuro mejor. El ajuste no se detiene y no estamos encontrando la manera de unirnos en la lucha por nuestros derechos y nuestra dignidad, sino que seguimos pensando que cada uno tiene que hacer lo propio en lugar de ponernos de acuerdo en qué es lo que no debemos tolerar más.

Entonces, en tanto y en cuanto no seamos capaces de volver a las bases del movimiento para unificar las fuerzas y hacerle frente definitivamente al gobierno de los ricos, seguiremos hablando entre nosotros y no llegaremos a obtener el consenso de aquellos que necesitamos más que nunca para poder darle un giro a esta historia que va directo a la catástrofe de seguir así. Porque para cuando los medios hegemónicos empiecen a mostrar las consecuencias del desastre, estaremos juntando los restos de lo que quede y nos acusarán de haber provocado aquello que estamos intentando evitar. Los pibes que pasan frío merecen que hagamos el esfuerzo. Los pibes que no toman la leche tienen que ser nuestro incentivo. Y los principios de Perón y Evita tienen que ser nuestra bandera hacia la victoria.

Por Romina Rocha.