Podríamos hablar de distintos conceptos culturales, todo depende de dónde nos paramos para ver. Nosotros nos basamos en el concepto antropológico de Taylor, que sostenía que “La cultura es ese todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad”. Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre; conjunto de modos de vida y costumbres; conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial en una época o grupo social. En el uso común de la lengua, utilizamos el término “cultura” con varias acepciones, es el conjunto de procesos donde se elabora la significación de las estructuras sociales, se la reproduce y transforma mediante operaciones simbólicas. La entendemos como un derecho humano fundamental, como una forma integral de vida creada histórica y socialmente y en comunión con la naturaleza y otras comunidades. En definitiva, es el propósito de dar continuidad y por sobre todas las cosas, el de “darle y/o crear sentido” a su existencia.

Para hacer un poco de historia, recordaremos que el Ministerio de Cultura fue creado por un decreto presidencial el 7 de mayo de 2014, que dependía directamente del ejecutivo nacional y que la función que le correspondía al Ministerio de Cultura de la Nación era la de planificar y ejecutar estrategias para la promoción, rescate, preservación, estímulo, acrecentamiento y difusión, en el ámbito nacional e internacional, del patrimonio cultural de la Argentina. Le correspondía difundir, promover y estimular la actividad cultural en todas sus formas y democratizar, principalmente, el acceso a los bienes culturales. Además, de promover el desarrollo de las industrias vinculadas a la actividad cultural, en especial aquellas generadoras de una plena utilización de los recursos humanos; y apoyando la creación, el fomento y el desarrollo de las bibliotecas populares en todo el país como forma de promocionar la lectura, entre otras.

También tenía a su cargo promover, proteger, difundir y estimular las actividades vinculadas con los distintos leguajes artísticos, la literatura, la música, la danza, las actividades coreográficas y las artes visuales, así como impulsar la reflexión y el debate en torno a aspectos centrales de la historia, la actualidad y el futuro del país fomentando la inclusión social a través del arte y la cultura, valorizando y difundiendo la diversidad cultural. Es decir, desde la creación del ministerio se buscó direccionar las políticas culturales que dieran mayor “sentido” de identidad, de pertenencia, de soberanía que, además, fortaleciera la región ante embates globalizadores.

En 2016 se reduce en cultura nacional un 40% de las actividades, achicando y vaciando principalmente en las políticas socio-culturales, y en 2017 se reducen en un 35% más.  El neoliberalismo es, o se supone que generalmente es, sinónimo de un tipo de política o modelo económico, pero es, ante todo, una búsqueda de una configuración sociocultural que lo haga posible. El neoliberalismo incidió (e incide) en los modos en que el mundo es narrado, en los sentidos adjudicados al pasado y el futuro, en las características de los proyectos intelectuales, en las prácticas de la vida cotidiana, en la percepción y uso del espacio, en los modos de identificación y acción política. Comprender al sentido común como cultura tiene una larga tradición a la vez que adquiere, en cada circunstancia, una implicancia política. Interrogarse por los sentidos comunes, en plural, implica no sólo preguntarse por la institución de la hegemonía, sino también por su eficacia sobre los sectores a los que somete.

El desafío es seguir pensando en la cultura como esa lucha de “sentido” que incorpore, que incluya y no que expulse, y que ante todo genere políticas culturales que recuperen ese sentido de pertenencia, de independencia y que construya colectivamente el sentido de las distintas soberanías que de una vez por todas se opongan a la total y cruel indiferencia del poder real. “No garantizar el acceso a la cultura y a la formación de la subjetividad con sentido solidario por medio de políticas de estado infiere el delito de discriminación a los más desprotegidos”. Es decir, es un delito que se está ejerciendo desde el propio Estado.

Mario González.