¿Hinchas visitantes? ¿Hay problemas de seguridad? ¿Habrá violencia durante el encuentro? ¿Están dadas las condiciones para que haya una final justa y un espectáculo digno? Son algunas de las preguntas que, por estas horas, desde la confirmación de la final Boca-River por la Copa Libertadores. El superclásico del fútbol argentino y mundial tendrá lugar en unos días y esto, por supuesto, es materia de discusiones, de fanatismos, de pronósticos deportivos e infinidad de horas de opinión entre expertos e improvisados, propio de una cultura como la nuestra en la que el fútbol es marca y sello de identidad nacional.

Pero no son esas las preguntas que deberíamos hacernos por estas horas, ya que, como es clásico también del gobierno de las corporaciones bajo la fachada de Cambiemos, una vez más un evento que no tiene que ver con la realidad económica y política de nuestro país pasa a ser el protagonista absoluto en la opinión pública. Y esto, como ya sabemos, no tiene nada de inocente. La estrategia comunicacional del enemigo, aunque es siempre la misma, no deja de ser efectiva y altamente pregnante: que haya salido Macri a dar la nota no es, ni por lejos, un furcio ni una metida de pata, sino que es una provocación y ha tenido un éxito rotundo.

Hace horas que en todos los medios y en todos los ámbitos se habla casi en exclusividad del partido Boca-River, River-Boca, de quién ganará, de cómo será, de lo que dijo el presidente al respecto e incluso de lo que la ministra de Seguridad y Justicia (no olvidemos la parte de la Justicia) Patricia Bullrich ha declarado, en un aparente estado de ebriedad, sobre la portación de armas en manos del pueblo. La instalación de la agenda tiene como fin el ir tapando la realidad para evitar que los argentinos hablemos de lo que tenemos que hablar, entonces cuando aparece la oportunidad de utilizar un evento (deportivo, en este caso), se lo capitaliza inflándolo de cuestiones periféricas para expandirlo hasta el infinito, de modo que no quepa lugar a pensar en nada que no esté vinculado al tema central.

Una de las cuestiones que se ocultan con esta estrategia es el hecho de que, en los últimos días, el dólar bajó y eso implica una revalorización de nuestra moneda nacional, a lo que el propio gobierno le agregó el utópico “retroceso de los precios” que jamás se hizo realidad sino que, muy por el contrario, se dio a la inversa en, por ejemplo, el aumento de más del 5% en combustibles. Es decir, aunque tendría que haber una desaceleración en la inflación real, que es la que percibimos a diario cuando vamos a comprar y nos movemos, sigue depreciándose el salario de los trabajadores que no llega nunca a alcanzar los aumentos de los costos de vida. Y esto es lo que no quieren que sea discutido.

Porque entre toda la vorágine informativa, las mayorías terminan cayendo en el juego del poderoso al permanecer sumergidos en la discusión de las cortinas de humo que no cambian, de ninguna manera, la realidad que es cada día más hostil y que se presenta trágica para quienes están viendo su vida desintegrarse dentro de un proyecto de país que quiere que los pobres se mueran por pobres y que los viejos se mueran por viejos, ya que ambos implican un gasto para el Estado que, al estar al servicio de los capitales financieros, no está dispuesto a seguir solventando. Entonces todas las eventualidades que puedan ser utilizadas para desviar la atención del sentido común son aprovechadas al máximo, mientras que muchos nos estamos agarrando la cabeza pensando cómo hacer para frenar la vorágine de la distracción masiva.

No queremos perder nuestras pasiones y nuestra alegría popular, pero tampoco debemos permitir que usen nuestro entusiasmo y nuestra tristeza olvidada por unos instantes de fanatismo para seguir apretando la soga que nos pusieron al cuello hace ya casi 3 años. No perdamos de vista lo que están haciendo: mientras estemos festejando o llorando por un partido de fútbol, nos estarán robando un nuevo derecho, nos estarán eliminando una nueva libertad, y eso no puede seguir pasando. Tenemos que seguir construyendo unidad, esa es nuestra urgencia y la de toda una generación que depende de nuestro accionar.

Marco Antonio Leiva
Referente Identidad Peronista
Mar del Plata