En las últimas horas, el gobierno nacional le dio la mano (o al menos no terminó de hundir) al gobierno de la provincia de Buenos Aires, ya que el pedido de Vidal de que fuera impedida la posibilidad de que un mismo candidato se presentase en distintas listas –lo que llaman en política “ir por colectora”– para que el peronismo no pueda ganarle las elecciones en primera vuelta ejecutando la misma maniobra que Gerardo Morales, miembro de Cambiemos, utilizara para ganar las últimas elecciones en la provincia de Jujuy.

Es decir, el mismo mecanismo que en 2011 fuera institucionalizado para ampliar el caudal electoral de los dirigentes y que fuera utilizado por el propio gobierno actual, ahora fue impedido por decreto presidencial para evitarle a Vidal más dolores de cabeza de los que ya tiene por causa de la caída estrepitosa de la imagen de Macri que la arrastra a ella y por los problemas que la propia provincia tiene en términos deficitarios y de cobertura de servicios y derechos en medio del punto más crítico de esta crisis autoinfligida.

De esta manera, Vidal eliminó un riesgo extra a su reelección ya de por sí complicada: que un único rival opositor –que pueden ser Kicillof o Insaurralde, este último teniendo el apoyo de todos los intendentes peronistas y sumando cantidades importantes de adhesiones–  traccione votos de varios candidatos presidenciales y se quede con la provincia. Entonces lo que  Cambiemos hace es obligar a la oposición a llegar a un acuerdo nacional si es que quieren llevar un postulante de consenso en Buenos Aires. Y esto es porque están midiendo y están entendiendo que el pueblo no come vidrio y que ya una parte ni siquiera está comiendo, entonces empiezan a pensar de verdad en la profundidad del desastre que los vendepatria han hecho y ya los números no le cierran ni siquiera a la dirigente que, hasta ahora, tenía el mayor nivel de aceptación por parte del electorado que ya no la votaría con los ojos cerrados.

Igualmente, como el PJ bonaerense ya anunció que recurrirá a la Justicia por considerar que el decreto es “inconstitucional y antiético”, las definiciones aún están por darse y nada está realmente dicho en estas elecciones que serán, sin duda alguna, las que marcarán el rumbo de la vida de las próximas generaciones de nuestro país. Han subestimado tanto a los trabajadores, que se olvidaron que sobre el hambre propia quien manda es el que la padece. Entonces ya no vale arengar con la paciencia y la fe ciega en un proyecto que jamás se realiza sino que, por el contrario, se manifiesta en su opuesto exacto de manera permanente, haciéndonos vivir en medio de una realidad esquizoide de la que nos cuentan una parte que el 99% de los argentinos no estamos habilitados a disfrutar.

El miedo es grande porque el mal que han hecho es aún mayor, saben que la disputa por el poder no sólo tiene que ver con seguir exprimiendo y saqueando lo que quede de nosotros sino que, en verdad, lo que se están jugando es su propia vida ya que han incurrido en desgracias tan desgarradoras que es imposible que pierdan y queden impunes por el daño hecho. Y no se trata de venganza ni de perseguir opositores como ellos mismos están haciendo desde que asumieron, porque eso fue una estrategia política que ya no están pudiendo sostener y las causas que una a una van cayendo lo demuestran por sí mismas. Lo que saben es que el propio pueblo les reclamará por lo que nos están haciendo y llegará, más temprano que tarde, el momento en que se haga verdadera justicia con todos ellos. Esta vez, no pasarán.