En las últimas horas sucedió algo que no puede pasar de largo dada la relevancia y el peso específico que trae consigo en el entramado político y de cara a las próximas elecciones: el concejal Nicolás Canario Soto renunció al bloque de Cambiemos y dejó no sólo una carta cruda y directa en la que explica los motivos que lo llevaron a tomar esta decisión, sino que además evidenció una trama de deficiencias y oscuridades en el municipio que viene destruyendo Ramiro Tagliaferro, ex de María Eugenia Vidal, con vidas incluidas y un blindaje mediátco feroz.

El desabastecimiento del hospital municipal, la «violencia moral» ejercida por Tagliaferro, al que trató como «patrón de estancia» y de quien asegura que tiene «prácticas abusivas y extorsivas», fueron algunos de los argumentos esgrimidos por el concejal oficialista para abandonar su bloque y constituir la bancada unipersonal Argentina de Pie. Pero sumado a todos los argumentos presentados por Soto, lo que se destaca de este evento es la claridad con la que el ex concejal se refiere al espacio político oficialista al que dejó de pertenecer luego de presentar su renuncia ante la presidenta de su bloque, la macrista Analía Zapulla.

En la carta presentada el abogado fue sumamente crítico con Cambiemos y la gestión de Tagliaferro, asegurando que «El desabastecimiento de medicamentos en el hospital municipal, la violencia moral ejercida contra empleados del estado para realizar actividades de campaña; la malversación de recursos públicos para provechos particulares, la captación del voto de los más vulnerables a través de prebendas de la más baja categoría, así como la incoherencia de pretender ahora negar a quiénes fueron los referentes nacionales y provinciales indiscutidos en este espacio, constituyen meros ejemplos del inocultable desinterés por los vecinos de Morón y del poco respeto del señor intendente municipal por las instituciones republicanas que han sido avasalladas hasta su máxima expresión, en el autoritarismo con que se ha manejado esta gestión».

Es decir, un hombre que entró a trabajar al Estado creyendo en un proyecto y apelando a aportarle a la comunidad desde su lugar pudo ver, sin filtros ni subjetividades que podrían achacársele a un peronista que observase las mismas conductas (y que de hecho han sido denunciadas en innumerables ocasiones por distintos compañeros que están luchando en el distrito contra viento y marea), lo que indica Soto es lo mismo que venimos señalando desde que el PRO apareció como una verdadera amenaza no sólo ala población en general que está sufriendo las consecuencias de la peor gestión de gobierno de la democracia argentina, sino también para las instituciones que están siendo fuertemente intervenidas desde todos los flancos, pero principalmente desde lo simbólico.

No les alcanzaba con romper las estructuras productivas y poner a la comunidad a luchar por la supervivencia, también necesitaban (y esto era parte de su plan de gobierno) vaciar de sentido las instancias en las que la representación popular tiene lugar, viciando incluso a sus propias filas y creyendo, como todo grupo de individuos que se consideran a sí mismos superiores al resto del conjunto, que quienes ocuparan sus espacios estarían dispuestos a entregar su alma a cambio de un puesto en el Estado. Pero el caso de Soto es la muestra fiel y cruda de que no es así, de que no se compran voluntades en todo tiempo y lugar y que las instituciones, mal que les pese, siguen emanando su esencia, que es la de articular las voluntades del pueblo a través de ciudadanos que trabajan en nombre de un conjunto.

Se evidencia, entonces, que la fachada de Cambiemos es sólo eso, una apariencia que se está cayendo a pedazos por doquier y que incluso está implosionando, dejando expuesta su peor cara, que es la de su monstruosidad. Porque en palabras del legislador, «Las prácticas abusivas y extorsivas a las que nos han querido acostumbrar, han destrozado los reglamentos, avasallado garantías y vulnerado todo tipo de procedimientos. Las irregularidades en el manejo de los fondos públicos, el recurso a la Constitución de obscuros contratos inexplicables para evitar los mecanismos transparentes de la licitación pública, el destrato a diversos funcionarios (en todo tipo de niveles), el autismo y la soberbia del señor Intendente Municipal, así como las desesperadas maniobras por llevar adelante una campaña de mentiras, en vez de utilizar la verdad y el compromiso real con los ciudadanos como instrumento de gestión, me tienen que llevar a tomar, como digo, esta tan drástica, amarga y no buscada decisión. Lo hago con la frente en alta y con honor: con la tranquilidad de haber cumplido el deber asumido con la gente y con el barrio de Morón sur que me ha visto crecer, porque se que la historia de este distrito sabrá valorar la palabra oportuna -aunque aislada en un desierto de obsecuencia- de quién comprende que un concejal se debe al pueblo que lo eligió, y no a un patrón de estancia que pretende manejar un municipio de 400 mil habitantes como si fuera su empresa personal».

Vinieron a hacer negocios con el trabajo del pueblo y a usar de búnker la estructura del Estado. Pero se están yendo y nosotros, el pueblo argentino, somos testigos de la retirada más grotesca y destructiva de la historia de nuestra democracia. Y tendremos memoria para hacerlos pagar.

Marco Antonio Leiva.
Identidad Peronista.
Mar del Plata.